SOS Disciplina Positiva

Esta semana con fin de semana y puente incluido hubiese sido muy diferente para mí y para mi hija si no supiera lo que sé. Estamos solas. Mi chico está de viaje por trabajo, no he quedado con nadie y solo he visto a mi vecina cinco minutos en el rellano, cuando salía hacia el parque. No se trata de un fin de semana cualquiera. Es el previo a un viaje con dos citas importantes para mí a nivel profesional: una taller en Las Palmas y una charla en Fuerteventura. Y tengo un sinfín de cosas que hacer al margen de estar con mi niña veinticuatro horas. Así que  me daba mucho miedo pagar mi agobio con ella. Lo primero fue mentalizarme. Solo me ocuparía de mis cosas antes de las 8 de la mañana, después de las 9 de la noche y la hora y media de su siesta. El resto, para ella. Lo segundo, ha sido poner en práctica todo lo que he aprendido con disciplina positiva y a pesar de que me queda mucho más por saber, puedo decir que estoy orgullosa de cómo ha ido (y está siendo porque todavía mi chico no ha regresado)  y ha sido gracias a todas las alternativas al castigo que conozco gracias a la disciplina positiva.

Si no supiera nada de esto, estoy convencida de que a pesar de mis buenas intenciones, si no sé que hacer cuando mi hija se niega a algo (unas treinta veces al día) iniciaría una lucha de poderes. ¿Qué si no?. La otra opción es dejarla hacer lo que quiere y tiendo más a lo otro. La suerte para las dos, es que ya sabemos que eso no funciona. No le enseña nada, yo estaría todo el día enfadada y ella cada vez más alejada de mí llenando de resentimiento, instinto de venganza o sensación de que ya no la quiero, su pequeño e inmenso corazón.

Seguramente te estarás preguntando si todo ha sido idílico y te contesto que ni de broma. Claro que me he enfadado e incluso se me ha notado un poco, cuando se le ha escapado el pis dos veces en 30 minutos, ha derramado el vaso de agua después de haber fregado el suelo, ha hecho plastilina con un resto de plátano después de haberle lavado las manos y la boca a conciencia, cuando dice que no recoge, que no pipí en el baño, que no braguitas, que no zapatos, que no gusta (la comida) y un sinfín de noes, porque ahora le toca eso. Por supuesto que me he puesto furiosa y he salido de la habitación para enfriarme, pero a continuación te cuento que otras herramientas de disciplina positiva he utilizado a conciencia que creo que ha ayudado a que no hayamos peleado ni una sola vez.

AMABILIDAD Y FIRMEZA: Pues la mayoría del tiempo lo he hecho. Cuando se levanta por la noche, le digo, preciosa tienes que irte a dormir a tu cama y la llevo hasta allí. Cuando llora o se agarra a mí, la abrazo y espero a que se calme, y cuando está tranquila, le digo, venga preciosa a la cama. Y se mete, la tapo y me voy. Anoche mismo unas cuatro veces. Y me moría de sueño y me desvelé porque mi cerebro está alerta por si oigo de nuevo sus pasitos, pero a la cuarta se durmió.

NO LA OBLIGO  A COMER: Cuando no quiere desayunar, o almorzar o cenar: nunca la obligo. Le respondo que eso es lo que hay y quizá le pongo más de lo que le gusta y me aprendo lo que no le gustó para pensar en cómo ponérselo de nuevo la próxima vez. Esto es lo que he hecho siempre con la comida, y hasta hace muy poco, comía como una lima. Ahora, comienza a desarrollar gustos propios o ha aprendido en la guardería el no guta, pero sé que obligándola solo voy a conseguir que odie comer o adquiera habilidades o técnicas para evitarlo. Yo le pongo todo delante y la llamo a desayunar. Lo hacemos juntas y le pregunto que quiere y ella señala. Le hago preguntas del tipo: ¿este pan o este otro?, ¿Caliente de la tostadora o no?, la leche ¿fría o caliente? Con ¿colacao? Hoy sí porque es fin de semana. Porque todos los días no toca chocolate, ¿verdad?. Y así de un plumazo estoy utilizando DAR OPCIONES y EMPODERAR al niño.

PENSAR EN LO QUE  VOY A HACER YO, SI ELLA NO  HACE LO QUE LE PIDO. Lo he utilizado cuando la he llevado de la mano al baño porque ha bebido mucho agua y ahora siempre dice que no. Cuando llegamos se tira al suelo, que no, que no. La suelto despacito en el suelo. No peleo, no discuto, no intento convencerla. La dejo y me voy. Ella me sigue y a la siguiente lo vuelvo a intentar.Y en alguna ocasión  tuve paciencia para añadir: Voy a poner de nuevo la alarma, y cuando suene espero que vayas de mejor humor. Y se lo intento decir con tranquilidad, que no suene a sarcasmo. Y cuando se orinó fuera, me mordí la lengua y limpiamos, pero ayer por ejemplo, salvamos todas las ocasiones: unas la llevé con su muñeca de la mano entre las dos, otras cantando, con un cuento, me senté enfrente de ella con el portátil y le pongo videos del padre, que sé yo…mil cosas, menos enfadarme u obligarla.

SER CONSECUENTE: Ella sabe que si le digo algo lo cumplo. Me ha puesto a prueba varias veces y ya lo ha comprobado, así que normalmente acepta los límites. Fuimos al parque y ella se acercó despacio a la acera. Yo me acerqué, me agaché poniéndome a su altura y le dije. Ya sabes que tú sola no puedes ir hacia los coches. Si lo haces, tendremos que irnos a casa, porque es peligroso y no podemos jugar con eso. ¿Lo entiendes? Sí. No hizo falta volver, pero si lo hubiese intentado no lo hubiese dudado. Creo que mis antecedentes han sido los responsables de que ella no lo intentara. Aquí también se incluye, PONERME A SU ALTURA a la hora de hablar con ella, y recordar que con los niños no funciona el mando a distancia (gritarle desde lejos).

HABLAR MENOS Y ACTUAR MÁS: Le pido que salga de la cocina y juegue en la puerta cuando cocino, porque toquetea todo, se pone debajo de mis piernas a abrir los cajones, saca las cosas de la despensa… Ella lo sabe. Se lo recuerdo. La segunda, y la tercera vez , la cojo en brazos (sin decirle nada) y la saco de la cocina y como continúa, REDIRECCIONO le doy un tupper, una pala de madera y le digo que es un tambor y cantamos. Consigo terminar el almuerzo. Otras veces, se ha quedado fuera jugando con alguna muñeca.

POCOS NOES: Intento que se me escapen los menos posibles. Negar algo es muy tentador para aceptarlo sin remedio. Cuando quise que cambiara de sitio para saltar porque donde estaba era peligroso, no le dije No saltes ahí, sino Mejor salta aquí, hay más espacio, y se cambia.

PREGUNTAS DE CURIOSIDAD: ¿Qué hay que hacer antes de salir a la calle? Recoger. ¿Qué hay que hacer cuando llegamos a casa? Los zapatos. No le doy órdenes. Le pregunto con intención de que recuerde y se pone a hacerlo.

TABLA DE RUTINAS: No le ordeno,  le pregunto ¿qué toca ahora? Mimí. Comer. Recoger. Y se pone. Cuando no quiere recoger, siempre le digo, venga vamos que te ayudo. Y se pone.

Y así, entre una cosa y otra, hemos ido resolviendo las situaciones de manera bastante pacífica.

La única manera de dejar de castigar es sabiendo qué alternativas existen

Todo esto tan largo y a la vez tan personal, me parecía necesario contártelo porque no nos damos cuenta que hay que aprender si queremos hacer las cosas diferentes. La única manera de dejar de castigar es sabiendo qué alternativas existen. Si no las conoces, o subes el nivel de autoridad o dejas correr las cosas. Las dos, malas opciones.

Por lo que si no te gustas cómo lo estás haciendo, pero te gustaría hacerlo de otro modo, prueba a conocer otras cosas. Internet y las tiendas están llenos de material que podrían orientarte, guiarte, enseñarte alternativas para no enfadarte con tu hijo a la mínima de cambio. Y por qué no. Apúntate a un curso. A los míos o a los de cualquier otra persona que pueda enseñarte, porque funciona. Te lo dice alguien, que antes pensaba y hacía las cosas diferentes con sus sobrinos.

PD: Mi chico llega esta noche y sí, no me ha dado tiempo de todo. Pero lo importante está intacto.

Doris.

 

 

 

 

 

 

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