Si quieres que tu hijo colabore, entra en su mundo.

Hace unos días en un taller, una mamá se sentía ridícula y cursi por plantearle a su hijo ficticio en un rolplaying, si prefería poner la ropa en la lavadora antes o después de terminar de ver los dibujos. Le parecía extraño que para un acto tan banal y cotidiano tuviésemos que contar con una estrategia para conseguir la colaboración del niño. Entonces, le pregunté: “¿Recuerdas como eras cuando tenías 8 años? (edad del hijo ficticio en el roleplaying). Del 1 al 10, ¿sabrías decirme cual es el grado de importancia que le dabas a poner la ropa sucia en el cesto? ”. La mamá se sonrió, “Ninguno”.

Nuestros hijos tienen su propio mundo. Un mundo paralelo al nuestro, con muy pocas cosas en común. Nuestras prioridades son otras: llegar a la hora al trabajo, que los niños entren en hora al colegio, que la nevera esté llena, la casa limpia, la ropa ordenada…y para ellos sus prioridades son: jugar todo lo que puedan, reírse a carcajadas, gastar la energía que llevan dentro, sorprenderse por cualquier cosa, averiguar cosas nuevas… Por lo tanto, saber captar su atención, puede reducir en gran medida las tensiones cotidianas.

Una de las quejas recurrentes de los padres es la de que sus hijos no escuchan. Todos sabemos que sí lo hacen, pero desconectan. Hablamos demasiado, insistimos hasta la saciedad y sobre todo exigimos. No es lo mismo pedir colaboración que exigirla.

Entonces, ¿qué podemos hacer para reducir o evitar estas tensiones?

  • Pon normas y haz que se cumplan. Si la norma es por ejemplo, la ropa que no está en la lavadora no se lava. NO SE LAVA de verdad. No busques por toda la casa y sermonees cuando encuentres alguna prenda fuera. Permite que las personas que no han sido responsables con sus cosas asuman las consecuencias. No por fastidiar, sino porque nadie aprende a través de la experiencia de otra persona y para repartir responsabilidades. Si la norma se pone es para que cada uno se haga cargo de lo suyo, pero solemos fallar en esta fase de las normas.
  • Avisa con frases muy cortas que vas a poner la lavadora. Que tienen un minuto para poner lo que quieran poner. Y lo cumples. ¿Para qué más palabras?
  • Si alguien se queda con algo muy importante por lavar, NO RESCATES y lo laves tú. Enséñale a lavar a mano, tenderlo, etc…
  • No te tomes como algo personal la falta de responsabilidad o que en algún momento no quieran colaborar. La mayoría de las veces es porque nos dirigimos a ellos con superioridad y con exigencia (y no conozco a nadie, nosotros los primeros, al que  le guste que nos hablen así ) y otras porque los aburrimos con nuestras quejas, sermones, insistencias. Para ellos el tiempo es muy importante(como para nosotros), no quieren desperdiciarlo y menos perderlo escuchando enfados.
  • Sé más practico a diario, ponte más en su piel. Intenta comprenderle,  aprende a captar su atención, usa el sentido del humor y el cariño y sobretodo no olvides el niño que fuiste y cómo te nacía colaborar: con qué palabras funcionabas mejor, con qué personas te daban ganas de hacer todo lo que te pedían y con quienes no… y aprende de tu experiencia, sin pedir peras al olmo.

Los niños no son adultos pequeños . Solo niños.

Un abrazo, Doris.

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