Por qué hacer un taller sobre crianza respetuosa

Seguramente si has visto el cartel del Taller “Crianza respetuosa” (si no lo has visto puedes pinchar aquí o aquí), te has preguntado que qué es esto de la crianza respetuosa, o si has seguido leyendo y has visto lo de sin castigos, sin gritos y sin amenazas, te has sonreído y has pensado: “Sí, muy bonito. Pero poco realista”.

Pues yo te digo (aunque no sea una estrella en la materia) que sí es muy bonito y que es más realista de lo que parece. Y yo soy una mujer dulce pero como dicen todos los que me conocen, también soy una mujer con mucho carácter e impulsiva en ocasiones.

Yo no fui madre hasta hace dos años y llevo tres, estudiando (sí todavía sigo haciéndolo) la disciplina positiva y todo lo que tiene que ver con crianza respetuosa, consciente, con apego (existen muchos nombres diferentes para un mismo modo de ver la educación de los hijos). Hasta entonces, mantuve una relación con mis sobrinos a la antigua usanza cuando estaban conmigo. Les corregía si hacían algo que no debían, los reprendía, les repetía que recogiesen las cosas cien veces, varios alzamientos de voces e incluso, hace muchos años, una torta en el culo (ahora me muero de vergüenza y de culpa al reconocerlo) .Porque tenía la firme creencia (heredada y reforzada por la sociedad) de que los niños tenían que tener límites y no debía permitir que se los saltaran o que intentaran pasar por encima de  mi autoridad. Yo debía tener el control y por supuesto ganar cada batalla (pobrecitos míos).

Pues resulta que no. Que no es necesario ganar, sino además que nadie pierda. Que no se trata de autoridad, sino de respeto bidireccional: yo se lo tengo al niño y el niño me lo tiene a mí. Que no se trata de hacer pagar al niño cuando se equivoque sino enseñarle cómo se hace bien. Que no debe sufrir para aprender. Que no tienen que hacernos siempre caso, sino conseguir tener una relación excelente entre nosotros para que cale lo importante de nuestro legado. Para que les apetezca hacernos caso porque se fían de nosotros, porque les respetamos y les escuchamos.

Entonces, ¿por qué crees que es tan difícil de aplicar? 

No es necesario ganar, sino además que nadie pierda

Porque crees que debes cambiar la forma manteniendo el fondo. Y así, no solo es difícil sino imposible porque sería contradictorio entre sí.

Si sigues pensando que tú hijo debe hacerte caso porque eres su madre y ya está, lógicamente no gritar te puede funcionar las primeras veces pero cuando tu hijo aumente la resistencia (que lo hará), como crees firmemente que él debe hacer lo que le pides, no te queda otra que buscar otras maneras más autoritarias para conseguir lo que crees que tu hijo tiene que hacer.

(En este caso, te desaconsejo totalmente que realices un curso como el que yo imparto, porque no es lo que buscas y perderías el dinero).

Pero por otro lado, sí te digo que tener más paciencia y autocontrol se vuelve más fácil cuando también modificamos el fondo. Cuando estás convencido de que no debes imponerte a nadie. Ni siquiera a tu hijo. Que tú debes guiarle y debes establecer límites y mantenerte firme para cumplirlos pero siempre desde el respeto. Escuchando voluntades, centrándote en las soluciones cuando haya que corregir situaciones, permitiendo la experimentación como método más genuino de aprendizaje, siendo honesta con tus sentimientos y si metes la pata reconociendo lo que has hecho y pidiendo perdón a tus hijos si hiciera falta. Todo esto es lo que permite que sea más fácil hacerlo. Después queda la práctica y la aplicación de la teoría a tu familia, a tu manera de ser, a la de tus hijos hasta que consigas tu propia voz y te salga solo. Pero sólo estando convencidos de que no hay que ganar a nadie, tus deseos de imponerte se minimizan y controlarte es más realista.

Con todo esto, ahora es probable que pienses: Entonces ¿no debo exigir nada a mis hijos?, ¿les permito que hagan todo lo que quieran?. No. Eso sería permisivo. Se trata de tener normas y límites claros, pero que la relación entre tu hijo y tú no se deteriore por las tensiones e imposiciones continuas.

Si tu hijo no te hace caso cuando le pides que se vaya a duchar tienes varias opciones: o le gritas hasta cuatro veces “que te ducheeeeeeessssss” y ya está, o le quitas la play, o le penas  el fin de semana.

O dices: “No bañarte no es una opción pero podemos hablarlo durante la cena” o “ ¿no te apetece bañarte? Ayúdame a poner la mesa y buscamos soluciones o ¿prefieres hacerlo después de cenar?. Puede que tu hijo se sienta muy cansado a las ocho de la noche para ducharse y le sería más fácil a las seis o por la mañana, o puede que le raspe la esponja nueva a juego con la toalla, o puede que sea el olor del champú, etc, etc…Pídele que encuentre una solución útil porque bañarse es necesario y obligatorio. Que confías en él y que seguro que se le ocurre algo que conforme a las dos partes. 

 Y podemos seguir pensando maneras de no entrar en una batalla y que nuestro hijo salga duchado de casa.

Por eso te animo a conocer más sobre la crianza respetuosa, porque sé de primera mano que es aplicable y efectiva. Yo he podido hacer las cosas de otra forma, he cambiado mi manera de pensar y por ahora mi hija es una niña educada y con un índice muy bajo de rabietas (algo que por cierto creo que es por la manera en que he abordado las que se han dado) . Limitar las tensiones hace que el clima en casa sea más armonioso. Y en mi casa mi hija tiene límites claros y cuando no los respeta, busco alternativas pero me olvido de imponerme porque sí. Y ahí es cuando recabo en las herramientas aprendidas, porque sin alternativas claras se vuelve muy complicado y te sientes inseguro ante el no saber que hacer.

Y para rematar, puede que estés pensando que al final, elijamos una manera u otra de educar , el resultado es el mismo. PUES NO LO ES. Ni para ti ni para tu hijo.

Con la crianza respetuosa te sientes más orgullosa de tu papel de madre, te gustas más y te acerca a la idea que tenías de ti misma cuando te imaginabas como madre. Además la relación entre tú y tu hijo se fortalece con el tiempo por el respeto mantenido y él se convierte en un adulto que no cree en el chantaje, ni en la imposición. Con confianza en sí mismo para autorregularse, con capacidad de análisis, con una visión de los problemas centrada en la búsqueda de soluciones, con responsabilidad para hacerse cargo de sus asuntos y un sinfín de habilidades y competencias sociales favorables y necesarias para su vida adulta que tú le has enseñado en cada rabieta, en cada no, en cada mala contestación.

Así que si estabas dudando de si este tipo de taller puede ser para tí, pregúntate si te gustaría cambiar ese fondo, y si es así, anímate y prueba. No tienes nada que perder y sí mucho que ganar.

Para el Taller en Don Benito, pincha aquí para más información.

Para el Taller en Las Palmas de Gran Canaria, pincha aquí  para más información.

Para inscribirte, mándame un mail aquí.

Doris.

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