El principio y la conexión

Cuando fui madre hace un año y medio, me di cuenta que en la categoría de superhéroes no se incluía a las familias. Y me pareció muy injusto. Sobrevivir al impacto de ser consciente de que quieres a alguien mucho más que a ti misma es brutal, además de ser el acto más generoso que harás en tu vida. Esto tan bonito, pero que asusta tanto, hace que te plantees cómo vas a poder vivir con semejante angustia el resto de tus días.

Pasado el susto y después de haberlo analizado con algunas amigas, compañeras o incluso con mi propia madre, te planteas en serio cómo lo vas a hacer. Qué quieres ofrecer a tu hija y en qué clase de persona te gustaría que se convirtiera .Desde un punto de vista mágico mi hija podría ser una estupenda Campanilla, pero desde un punto de vista más terrenal, llegué a la conclusión de que no quería una imagen preestablecida en mi cabeza. Laia debía ser ella misma y yo tendría que dejar que lo fuese. A veces, seguramente, muy a mi pesar. Pero entendí que se trata de eso: de no permitir en nombre del amor, que se pierda su esencia, su talento innato.

La Disciplina Positiva recalca la importancia de educar a los hijos no desde arriba sino a su altura. Recuperando el respeto por estas personitas que pensábamos que tenemos que dominar o controlar, bien para “que no se nos salgan del plato, o no se nos suban a la chepa”. Esto último, el control, no funciona. Merma poco a poco la autoestima de tu hijo y sus capacidades, su autoconcepto y además -y esto duele el doble- deteriora la relación con nuestros hijos: la calidad de la comunicación y sobretodo la CONEXIÓN, ese hilo mágico que conecta nuestros corazones con el de ellos y que nos recuerda que es la relación más fantástica de nuestra vida.En mi opinión, lo principal es dar a nuestros hijos la garantía de que son únicos, que se les quiere tal y como son y que forman  parte de algo y de ahí sale todo: hijos con seguridad en sí mismos y con un autoconcepto adecuado, capaces de conseguir lo que se propongan en busca de su propia felicidad porque se quieren, se conocen y se respetan.

Voy a contaros algo muy personal. Cuando nació mi hija, y en la búsqueda de ser la mejor madre posible, me impuse el rol de implantar disciplina y que no fuese una niña malcriada y su padre asumió el de la diversión, juegos y cosquillas. El primer año de Laia, a pesar de todos mis esfuerzos porque la ropa estuviese limpia y ordenada, sus juguetes fuesen escrupulosamente adecuados a su edad y llevar estrictamente los horarios de aseo, descanso y comidas, no sentía conexión entre mi hija y yo. Yo la adoraba pero no lo sentía recíproco.No sentía que se derritiera por mí. Solo lo hacía con su padre (con el dolor, celos y rivalidad que esto conlleva) y un día, no hace mucho, vi un video donde se recogían varios testimonios de madres diciendo lo que les gustaba de sus hijos, la mitad de ellas tenían hijos con discapacidades. Fue absolutamente revelador para mí (después del llanto que lo precedió) darme cuenta de la suerte que había tenido yo y sobretodo Laia, y en mi empeño en que no se me escapara nada a mi control se me estaba escapando lo más importante: verla de verdad, conocerla y disfrutarla con su espontaneidad y sus intenciones…El cambio ha sido brutal. Su padre sigue siendo su padre, pero conmigo… ahora sí siento que se derrite por mí.

Esto es lo que la disciplina positiva llama conexión, una herramienta clave para llegar a nuestros hijos y por la cual todo lo transforma. Te recuerda que tu hijo es además una persona y verlo desde esa perspectiva va a ayudarnos mucho a la hora de tratar con ellos: la manera de hablarles, de hacerles ver las cosas, de tratarles en general.La disciplina positiva habla de educar a los niños con amabilidad y firmeza, ayudarles a sentirse tenidos en cuenta e importantes, eficaz a largo plazo y que enseña valiosas competencias sociales para la vida.

Estoy convencida de que no es necesario castigar a nuestro hijos “para que aprendan”, ni someterlos con la promesa de premios o bajo amenazas para que hagan lo que nosotros queramos. En los tres casos estamos obviando la necesidad de enseñarle cuando se equivoca, el aprendizaje de no depender de la aprobación externa sino de la propia y hacerles sentir seguros con nosotros hagan lo que hagan. Yo solo aprendo cuando me motivan, me siento libre y sin miedo a equivocarme, sabiendo que me van a dar más oportunidades aunque meta la pata.

¿Por qué con los niños iba a ser diferente? Piensa en cuando eras niño. Piénsalo bien.