Cómo conseguí que mi hija se abrigara.

En muchas ocasiones les decimos a los niños desde lejos que se pongan la chaqueta que hace frío, que recojan los juguetes, que lleven su taza al fregadero, etc… pero en muchas de esas ocasiones, el niño/a no responde cómo nos gustaría. Y hay varias razones por las que los niños no lo hacen:

  • Les decimos constantemente lo que deben hacer o no . Cosas importantes pero también las que no lo son tanto y los saturamos por lo que dejan de “oírnos”. Es mejor priorizar, economizar energías y callarnos más.
  • Las órdenes ya hemos visto que no invitan a la colaboración. Al igual que los reproches, las insistencias, las ironías, las comparaciones y las amenazas .
  • Utilizamos la amabilidad al principio, pero cómo no responden como queremos , pasamos directamente a ser firmes. No las unimos desde el principio. Hay que ser amable y firmes al mismo tiempo.
  • Queremos que funcionen con mando a distancia. Es decir, desde lejos envío la orden y espero que se ejecute.

Esta semana me he descubierto diciéndole a mi hija, desde lejos, lo siguiente:

Yo: Preciosa ¿no tienes frío? Deberías ponerte un abrigo. (Mi intención es que se lo ponga pero para no ordenárselo le hago una pregunta abierta en la que su respuesta podrá ser sí o no. )

Mi hija: No, mami. No tengo frío. (Y responde que no. De ahí la poca eficacia de las preguntas abiertas para estas ocasiones)

Diez minutos después.

Yo: L. Yo creo que es mejor que te pongas el abrigo. Te vas a poner enferma.

  1. : Noo, mami. No tengo frío.

Diez minutos después.

Ya he recapacitado y me doy cuenta que estoy en piloto automático. Primero, no me acerco a ella ni me pongo a su altura, no le explico claramente que hace frío y es necesario que se abrigue, ni le he dado opciones por si prefiere un polar al abrigo con el que podrá jugar mejor.

Así que me levanto, voy a por su abrigo y por un polar, me acerco a ella, me pongo a su altura y le digo:

  • Preciosa, antes se me olvidó explicarte que es muy importante que te abrigues, ya sé que no sientes mucho frío pero es necesario que te abrigues. ¿Prefieres el abrigo o el polar?

Y eligió el polar.

Lo que motivó al cambio de actitud fue:

  • Me acerqué a ella y me puse a su altura.
  • Dejé de insistir.
  • Le di mis razones con amabilidad y firmeza. Se tenía que abrigar pero le daba opciones para que eligiera el abrigo que más le apeteciera.
  • En todo momento fue cariñosa pero me mantuve firme.

Si se hace  de esta manera, con este actitud en nosotros  es muy probable que el niño colabore pero si no  ocurre así puede ser por lo siguiente:

  • Creemos que hemos sido amables y firmes pero no ha sonado amable ni firme. Es muy útil grabarnos y escucharnos. Nos llevamos muchas sorpresas  sobre cómo sonamos.
  • Nuestra intención debe ir en línea con nuestra actitud. Creer de verdad lo que decimos . Y cuando damos opciones estamos dando esa libertad de verdad.
  • Debemos aceptar el temperamento de nuestro hijo. Puede ser que aún haciendo todo esto tu hijo se niegue en banda por lo que deberás pensar si realmente es necesario que se abrigue o es cosa tuya. Si realmente lo fuera, plantea entonces que es mejor que juegue dentro de casa por ejemplo, o en un sitio donde no haga tanto frío, etc… Debes decidir que vas a hacer tú si el niño no hace caso, pero no porque consideres que debes “GANAR ” tú. No hay que ganar a nadie. Solo aceptar el hecho de que se trata de otra persona y no podemos obligarle a algo , pero al ser pequeño y no valorar riesgos reales de enfermarse elegimos intervenir cambiando de lugar por ejemplo.

 

Otro día os cuento cómo conseguí que se pusiera el abrigo todos los días antes de salir de casa.