5 maneras de hablar a tu hijo para que no se haga el sordo

Si haces una lista de todas las cosas (hazla cuando puedas), que un día cualquiera, le pides a tu hijo que haga o deje de hacer, muy probablemente te quedarías espantado. Son muchísimas y seguramente necesarias pero:¿cuánto tiempo y energía inviertes en ello? y ¿cuántas de ellas inician una lucha de poderes entre tú y tu hijo?

Los métodos más comunes que solemos utilizar los adultos para pedirles que lo hagan son:

  • Las órdenes: “Recoge la leche, ya”.
  • Las comparaciones: “A tu hermano nunca tengo que decirle que guarde la leche. A ver si se te pega algo”.
  • Las advertencias “Cómo dejes la leche fuera se va a estropear y luego hay que abrir otra” (lo importante es el tono)
  • Sermones: “¿Te parece bonito, con la edad que tienes, que tenga que repetirte cien veces que guardes la leche?. Yo a tu edad ya ayudaba a tu abuela con toda la casa y no tenían que decirme nada. Era muy responsable.”
  • El victimismo: “Cuando seas padre ya te darás cuenta de lo agotador que es repetirlo todo cien veces”.
  • Los sarcasmos: “¿Crees que algún día podrás recordar tú solito que la leche se guarda después de usarla?
  • Las amenazas: “Cómo vuelvas a dejar la leche fuera. No vuelves a cogerla en una semana” (y por supuesto no lo cumples)
  • Los insultos: “Qué pasota eres. Otra vez has dejado la leche fuera”
  • Los reproches y acusaciones: “Siempre igual. Otra vez te has dejado la leche fuera”
  • Las profecías: “Cómo sigas siendo tan pasota te va a ir muy mal en la vida”.

¿Te reconoces en alguna de ellas?

Ahora, ponte en el pellejo de tu hijo. ¿Cómo te sentirías si día tras día escucharas este tipo de mensajes?

  1. Te sientes motivado para buscar remedio y que no se te olvide más.
  2. Te sientes enfadado porque estás cansado de que se metan contigo todo el tiempo y te dan ganas de tomar represalias.
  3. Estás convencido de que tus padres piensan que no sabes hacer nada y tú comienzas a creerlo también. Y  te sientes más desmotivado ante la perspectiva de hacerlo cómo debes.

Ahora debemos preguntarnos: ¿Nuestro mensaje cumple su objetivo? Y lo más importante ¿sin hacer daño a nuestro hijo?.

Pues Adele Faber y Elaine Mazlish en su libro “Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y escuchar para que sus hijos le hablen” nos enseñan cinco maneras, que no garantizan al cien por cien que tú hijo de forma automática haga lo que le pides  (y menos mal) ,pero que sí aumenten las probabilidades de que lo hagan y no generes sentimientos negativos en ellos:

  1. Describir la situación: “La leche se ha quedado fuera”.
  2. Dar información: “ Si la leche se queda fuera, se puede estropear para mañana”.
  3. Expresarte de forma muy breve. Entre menos palabras mejor: “La leche”
  4. Comentar tus expectativas: “ Hoy cuando me vaya a trabajar, me encantaría ver que le leche está dentro de la nevera”.
  5. Escribir una nota: “Hola, soy la leche. Te recuerdo que debes dejarme en la nevera después de usarme. Gracias”.

Ponte de nuevo en el pellejo de tus hijos. ¿Si te lo pidieran de esta otra forma, te sentirías más motivado para hacerlo?

Puede que estés pensando si es necesario tanta parafernalia para que tus hijos respondan a tus peticiones. Pues dependerá de cómo quieras vivir tu día a día y la relación que quieres mantener con ellos,  porque una cosa es cierta: nuestras prioridades no son las de ellos. Lo hacen por obligación y si no fíjate en cómo se desenvuelven en situaciones que le interesen mucho. Con las que se encuentran motivados.

No debemos olvidar que el fin último con nuestros hijos es educar en todos los aspectos y enseñarles formas de pedir las cosas que no molesten, ofendan o desacrediten a las personas es parte de ello.

Esto es el resumen de la Charla “Mi hijo no me oye”.

Así que si te animas, ponlo en práctica y cuéntame si te apetece cómo te ha ido. Me muero de ganas por saberlo.

La próxima semana profundizaré en dos herramientas concretas de la disciplina positiva: Las preguntas de curiosidad y la tabla de rutinas que nos pueden ayudar a minimizar tensiones y conseguir una mayor colaboración.

Feliz semana. Doris.

 

 

 

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