El valor de los cumplidos.

Este fin de semana estuve con uno de mis sobrinos y me contó algo que le había pasado esa semana en el colegio. Cada niño tenía que decir alguna cualidad que creyese que tuviese y mi sobrino respondió que él no tenia nada de eso. Su sorpresa fue que sus compañeros sí supieron nombrarle algunas cualidades sobre él, y llegó a casa muy contento y agradecido por haber escuchado esas cosas positivas sobre él.

La historia, muy triste de fondo, me recordó una dinámica de disciplina positiva que se utiliza en las reuniones familiares o en el aula. Esta consiste en que antes de comenzar la reunión, los asistentes deben decir algo positivo de los demás: algo bueno que hayan hecho esa semana, algún gesto que hayan agradecido, cualquier cosa que sea positivo de los demás.

Esto que de entrada puede resultar una tontería, es más difícil de lo que parece. No estamos acostumbrados a recibir cumplidos y tampoco solemos destacar lo que hacen bien los demás sino lo que hacen mal, así que el ejercicio requiere  un doble esfuerzo. No se trata tampoco de halagar o de decir siempre cosas buenas del otro por decir.

Para hacer cumplidos debemos habernos fijado antes en los demás, ser agradecidos y saber valorar los esfuerzos del otro. También es necesario ser valiente y soltarlo a la cara, darle importancia y saber recibir el agradecimiento del que lo recibe. Por consiguiente, el que  recibe el cumplido, suele esquivarlo, restarle importancia o directamente quitarle valor (mucho o poco, dependiendo del concepto que tenga el niño sobre sí mismo). Nos cuesta aceptarlos y agradecerlos.

Imagina, que antes de empezar tu jornada laboral, todos los compañeros con el jefe, os reunís, y os dedicáis unos cuantos cumplidos. No de peloteo, sino cumplidos reales y tangibles por cosas que se hayan hecho en el presente más inmediato: María ha sido muy amable esta mañana al esperarme dentro del ascensor para que no se cerrara, Juan ha sido muy considerado al reponer los folios después de terminar sus copias, Lucía ha sido muy generosa con su tiempo  ayudándome a corregir el informe…

¿No comenzarías el día de otra forma? Incluso es probable que te guste la sensación y no quieras  desperdiciar cualquier oportunidad en el día para seguir siendo amable, generoso o cordial. Recibir cumplidos nos gusta a todos y además nos hace querer seguir siendo mejores. Y con nuestros niños, pasa igual. Los niños a veces no hacen caso a la primera, desordenan , hacen ruidos, no nos dejan leer o a veces ni hablar con otro adulto, pero también nos sonríen con la boca grande y con los ojos, nos ayudan a sacar el lavavajillas o nos traen un vaso de agua y todo esto también son pequeños gestos que son de agradecer y que podemos devolver con un cumplido.

Hacer un cumplido sincero y sin doble intención, facilita la comunicación. Comenzar una reunión con esta técnica mejora los ánimos y reduce posturas a la defensiva, mejora el talante de los reunidos y de regalo el concepto sobre uno mismo.

Averigua si tu hijo también siente que no tiene cualidades y ayúdale a descubrirlas. No es lo que nosotros creamos sino como ellos se ven.

Un abrazo, Doris.

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