La responsabilidad se aprende cada día.

Hay un capítulo de Caillou en la que el niño le pide prestado a un amiguito, un rotulador fluorescente que brilla en la oscuridad. Al amigo le cuesta prestárselo pero lo hace a cambio de que  se lo devuelva al día siguiente. A Caillou se le olvida  varias veces  y al sentirse mal por su amigo, comienza a probar cosas que le ayuden a recordárselo, hasta que finalmente tras varios intentos lo consigue.

Si esta situación le hubiese ocurrido a uno de nuestros hijos, es muy probable que muchos de nosotros se lo hubiésemos recordado, le hubiésemos puesto el rotulador directamente en la mochila o hasta se lo hubiésemos llevado a la salida del cole para devolvérselo  a la madre del otro niño. Pero en todas estas ocasiones, estaríamos desaprovechando  un momento excelente para enseñarles a ser responsables.

Cualquiera de estos gestos, con tanta buena intención por nuestra parte, trata de rescatar al niño. Por amor, porque sabemos que está estresado y para facilitarle las cosas lo ayudamos. Pero se trata de una ayuda pasajera, que solo aborda la inmediatez y que no genera hábitos de futuro.

Para que tu hijo sea un niño responsable, debe dar pequeños pasitos previamente. No se convierte en responsable de la noche a la mañana porque tu le hayas repetido ese mensaje todos los días cien veces. Para que comience a hacerlo, debes dejar que lo haga, lo experimente por si mismo y vaya tomando sus propias decisiones al respecto. Como hizo para aprender a comer solo, algo que tuvo que practicar muchas veces. Porque no puede aprenderlo solo con verte a tí hacerlo  o porque se lo expliques a diario. Necesita hacerlo por sí mismo.  Pues con la responsabilidad ocurre lo mismo.

Estamos rescatando si:

  • le damos soluciones sobre la marcha del tipo: “Vete y guárdalo ahora en la mochila para que no se te olvide”, “Dámelo que te lo guardo en la mochila”, “Ponlo aquí en la entrada y así mañana lo veremos todos”.
  • si asumimos el préstamo como nuestro y lo recordamos y devolvemos nosotros.
  • si pierde el rotulador, lo compramos y se lo metemos en la maleta del colegio para que lo lleve, explicándole que debe ser más responsable y que la próxima vez no se lo volverás a comprar, bla, bla, bla…

Y no estamos  rescatando si:

  • le preguntamos ¿cómo crees que puedes evitar que se te olvide? , ¿cómo vas a recordarlo? Hazle pensar y que busque sus propias estrategias, que las pruebe y que observe los resultados. No interfieras, opines, recuerdes, des un toque de atención. Permite que evalúe sus decisiones.
  • Si sabes que lo ha perdido, pregunta ¿ cómo vas a solucionarlo? . Él debe ser parte de la solución, aunque tú le ayudes materialmente con la compra a cambio de su paga, ahorros, algún trabajillo para ti…
  • Deja que ocurran los olvidos, aunque tú te estés dando cuenta. Nadie aprende de la experiencia de otros.
  • Si tu hijo es el que ha prestado el rotulador, no mandes un whatsapp a la madre del niño al que se lo ha prestado para recordárselo y que te lo lleve a la entrada del cole.

Así que recuerda, cada día tienes un montón de oportunidades de transformar una situación en algo valioso para su futuro. Aprovéchalas, porque son estos momentos los que verdaderamente educan.

Como siempre te invito a dejarme algún comentario o a compartirlo si crees que le puede ser útil a alguien. Te lo agradecería muchísimo.

Un abrazo, Doris.

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