Decálogo contra las prisas.

Hoy, mientras almorzaba con  mi hija disfrutaba del buen humor que teníamos las dos. Ella se puso recelosa a la hora de comer los garbanzos y jugueteó con el babero hasta que al final se lo puso. Después  se levantó de la silla unas diez veces más y se entretuvo otro rato con una pinza del pelo para seguir retrasando su encuentro con los garbanzos. Pero aún así yo estaba de buen humor y ella también y eso propició que la situación terminara bien. Es decir sin broncas ni enfados y mi hija con la barriguita llena. Pero no siempre es así, claro. Yo también me enfado y tengo mal humor, pero intento no estarlo el mayor tiempo que paso con mi hija. Y pensando pensando por qué había salido todo bien, caí en la cuenta que en ese momento no tenía prisa y  esto había facilitado mucho las cosas. Porque las prisas y los niños se llevan realmente mal.

La prisa contribuye en mayor grado a que estemos nerviosos, ansiosos, con ganas de terminar lo que estemos haciendo. La que nos hace gritar, repetir hasta el hastío, decir lo que no queremos y hacer lo que odiamos hacer a nuestros hijos solo por llegar a tiempo.

A largo plazo, para que nuestro hijo sea una persona adulta con buenas cualidades personales, que le permitan prosperar también como individuo social , ¿qué es más importante? ¿Llegar a tiempo a la clase de futbol a cualquier precio? ¿tratar a tu hijo de forma respetuosa siempre, aunque llegue tarde?. Y  ¿qué le convertirá en mejor persona?

DIEZ IDEAS PARA MANTENER A RAYA LAS PRISAS

PRIMERA: El momento de tratar a tu hijo con respeto es ahora, con o sin prisa. Cada día, en cada situación y en cualquier circunstancia. ¿O acaso le permitirías menos a tu pareja?

SEGUNDA: Nosotros tenemos más poder de elección del que nos creemos. Tú decides qué hacer con tu tiempo libre y cómo quieres que pasen tus hijos el suyo. ¿De verdad merece la pena una bronca enorme con pellizco incluido para que tu hijo llegue a tiempo al entrenamiento? Porque si tu hijo se acostumbra a ello, malo.

TERCERA: No hay tiempo para todo, aunque se empeñen en vendernos que sí. Hay que priorizar. Valora el descanso, el tiempo juntos sin actividades organizadas, perder el tiempo sin más.

CUARTA: Favorece la autonomía. Si tu hijo quiere entrenar, ayúdale a hacerse responsable de su actividad. Que se prepare su bolso a tiempo, que esté preparado a la hora que haya que salir de casa y si no lo hace, que asuma sus consecuencias, porque es la única manera de que aprenda a ser responsable.

QUINTA: Sé practico. Revisa tu vida. Quítate lo que haces porque sí. Quédate con lo importante para ti y con el resto, organiza bien tu tiempo y utiliza los numerosos avances a nuestro alcance para hacerte la vida más fácil (la compra online, por ejemplo) e introduce un nuevo hábito en tu rutina. PARAR. No es necesario estar haciendo siempre cosas.

SEXTA: Entrena en casa con anterioridad las situaciones nuevas que vas a hacer con tu hijo: por ejemplo, si quieres que comience a vestirse solo, practica por las tardes, no empieces de cero por la mañana y antes de ir a clase.  Dale opciones, pregúntale qué  toca en la tabla de rutinas, expresa tus expectativas, no sermonees, piensa en cómo te gustaría a ti que te lo pidieran. Si notas que se ofusca, hazle reír o dale un abrazo, sé consecuente con lo que has dicho, no castigues y céntrate con él en buscar soluciones para que no vuelva a ocurrir…pero no te impongas. No entres en la lucha de poderes, porque las prisas te conducirán directamente a faltar el respeto a tu hijo.

SÉPTIMA: Piensa que pasaría si no vas con prisa. ¿Cierran el colegio? Despierta antes a tu hijo, aunque te de pena, si sabes que siempre se demora mucho arreglándose. ¿Llegas tarde al trabajo? No caigas siempre en los mismos errores. Si ocurre con frecuencia busca soluciones: deja cosas preparadas de antemano, pon el despertador antes, entrena con cronómetro por las tardes todo el proceso de las mañanas (usando el humor y la motivación) e incluye a tu hijo en la búsqueda de soluciones.

OCTAVA: Esta vida nuestra que tenemos es así porque vivimos donde vivimos. Si estuviésemos en otro país, otra cultura u otra época todo sería diferente. Esto quiere decir que nuestra manera de vivir es un invento humano, así que no sigas a la manada y dentro de los límites de esta sociedad, vive como te gustaría.

NOVENA: No te conformes pensando que no puedes cambiar nada. Tus hijos necesitan un referente. Y si te gustas tú, serás el mejor referente de todos.

DÉCIMA: Saca tu sentido del humor y si no lo encuentras, cómpralo a cualquier precio. Si lo miras desde fuera, estos días de agobio con los niños pasarán, serán solo un recuerdo y seguro que nos arrepentiremos de muchas cosas, pero sobretodo de no haberlos vivido con intensidad, contentos y disfrutando de esas personitas que nos pueden enseñar tanto y que viven con nosotros.

PD: Cuando tenía 17 años, me había enamorado de un reloj de plata labrada que parecía hecho de encaje. Esas Navidades, el chico con el que salía (una de las personas más influyentes en mi vida) me lo regaló por sorpresa. Ni siquiera me lo dio él, sino que se lo dio a mi familia con una nota. En ella decía “No se puede otorgar a un mecanismo tan sencillo como un reloj, algo tan valioso como el tiempo”. La frase no era de él, era de un filósofo ruso. El mensaje me caló tanto que desde entonces no uso reloj y aquel  lo conservo guardado en una cajita.

Un abrazo, Doris.

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