7 claves para mejorar la colaboración de los hijos.


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Las normas son necesarias para regular ciertos comportamientos y  que la convivencia entre varias personas resulte más cómoda. Así que con hijos no iba a ser menos, solo que con ellos nos suele costar mucho más que las cumplan o que las ejecuten pronto, convirtiéndose  en una de las situaciones que más cansan y agotan a los padres.

Hoy te cuento cómo podemos ser más eficaces a la hora de conseguir que nuestros hijos cumplan las normas “antes” y cómo podemos hacer que su cumplimiento se produzca “con más frecuencia” sin tener que estar muy encima de nuestros hijos. No se trata de aprender técnicas de manipulación, sino otra forma de hacer las cosas con nuestros niños que apele directamente a su disposición a colaborar y tengan en cuenta el propio proceso de aprendizaje, que requiere  motivación y paciencia.

Las siete claves son las siguientes:

  1. Las normas deben establecerse por adelantado. Muchas veces las damos por hecho. Si entras en una consulta de un médico esperas que tus hijos “se porten bien”. Para ti que se porten bien significa: no gritar, no correr y no subir los pies a los asientos. Esperas que se sienten, permanezcan tranquilos y no molesten a nadie con su conducta.  Pero ¿te has parado a pensar que significa para ellos? Es muy probable que no sepan concretarlo como tú. Por lo tanto es necesario transmitir de forma concreta lo que esperamos de ellos. Cuando son muy pequeños, se puede utilizar una tabla de rutinas que hayamos elaborado junto a ellos y colgarla en un lugar visible. En lugar de “decir” o “recordar” lo que deben hacer, pregunta ¿qué toca ahora?, ¿qué debes hacer antes de irte a la cama? Y espera a que respondan. Las personas, por nuestra naturaleza indómita, respondemos mejor a lo que no suena a imposición.
  2. Los niños deben formar parte de su elaboración: Es importante que tus hijos estén involucrados en la elaboración de las normas, porque a mayor nivel de implicación, mayor nivel de colaboración.   Esto no significa que las vayan a cumplir siempre. Nuestros hijos tienen sus prioridades y no suelen ser ninguna de las nuestras, así que la comprensión y mano izquierda a la hora de recordárselo es más efectivo que enfadarte. Utiliza preguntas en lugar de órdenes: ¿Qué hay que hacer con los juguetes cuando terminas de jugar? en lugar de Recoge los juguetes. 
  3. Acepta la posibilidad de que no quieran cumplir las normas como algo natural y no como algo personal. Ningún padre o madre desea que su hijo/a sea sumiso. Admiramos las actitudes críticas y la capacidad reflexiva pero “solo cuando sean adultos” y esto es muy poco realista. Si deseas que de adulto no trague cualquier cosa y sepa hacer valer sus derechos, aplaude aunque sea de forma interna, sus pequeños gestos desde ya. Lo que tenemos que aprender es a reconducir, negociar y ceder. La imposición solo genera miedo, resignación o conformismo. Debes asumir que la voluntad de otras personas, por muy hijos que sean, no depende de nosotros .Y esto quiere decir que si algo falla, tenemos que asumirlo y buscar soluciones pero no seguir haciendo lo mismo: insistir y enfadarnos. Esto solo nos lleva al bucle de siempre: quejas, reproches, enfados y castigos que no aumentan las ganas de colaborar sino todo lo contrario,  las espanta.
  4. No seas pesado/a. Deja vivir a los niños. Estamos muy encima de ellos. Limita las prohibiciones y aboga porque la convivencia se regule por reglas que “nos vengan bien a todos”. Utiliza las reuniones familiares para estipularlas, ponerlas en situación de prueba, retocarlas y cambiarlas. Si no actúan con lo acordado, pregunta ¿qué habíamos acordado en la reunión?   Y permite que el niño lo asuma. Si no lo hace, no te enfades, no eches en cara y no insistas porque sobretodo, nada de esto funciona ni es efectivo. Organiza una reunión si no hay fecha estipulada para la siguiente y volved a retomar el asunto. Escucha sus propuestas, las tuyas y sobretodo ten claro que harás tú, si tu hijo no hace lo que le toca. Por ejemplo (y retomo de nuevo el ejemplo de la ropa sucia para lavar)  la ropa que no está en el cesto, no se lava. Y no se lava, ni se busca por toda la casa. Ni tampoco se echa en cara. Simplemente se hace.
  5. Permite las consecuencias naturales: Intenta que tus hijos asuman las normas, no desde la imposición, pero sí desde la reflexión, negociando, siendo flexibles con los tiempos o los horarios en los que te gustaría que se hicieran, y cuando son más pequeños con el juego, el sentido del humor y tu colaboración. Pero si no lo consigues, y esta es la parte más importante donde fallamos la mayoría de las veces, deja que se produzcan las consecuencias naturales, como que se queda su ropa sin lavar si no la ha puesto en el cesto o sin entrenar porque se ha entretenido mucho jugando en casa y no ha preparado sus cosas antes de salir. La mayoría de las ocasiones, aunque la norma es que tu hijo se prepare su mochila, si ves que no llega a tiempo porque está jugando, te encargas tú de prepararle el bolso, aunque se lo reproches mientras lo haces o incluso amenaces de que ya no lo vas a hacer más, pero al día siguiente lo haces de nuevo. Si te encargas tú, no consigues que ellos la integren como algo suyo. Es necesario que experimenten las consecuencias (naturales y no impuestas) de sus actos .
  6. Busca soluciones junto con tu hijo: cuando una situación se enquista o simplemente tu hijo no responde y has intentado todo lo anterior. Pídele, cuando estéis los dos tranquilos, que piense en soluciones para resolver el asunto (toallas mojadas, mochila sin preparar, tapa de la taza del váter) y elegid una con la que estéis conforme ambas partes. Se acordará su revisión en un plazo de una semana, si durante la semana no lo hace por sí solo también se acordará el modo de recordarlo e incluso se puede acordar con el niño qué ocurrirá o qué harás tú, si el no lo hace.
  7. Si siempre recibes un NO, casi de forma automática y con signos de enfado por parte de tu hijo, olvida la norma y averigua qué le ocurre. Es muy probable que esté enfadado o dolido contigo y sea su manera de hacértelo notar (y no sabe decírtelo de otro modo). En ese caso, si ya estás enfadado no intentes hablar, pero cuando estés más calmado háblalo. Pregúntale directamente qué le pasa y si no te lo dice lanza suposiciones: ¿puede ser que estés enfadado conmigo por el grito que te pegué esta mañana para que te subieras al coche?, ¿puede ser que te sientas un poco de lado desde que nació el hermanito ? Si no quiere hablar dile que estarás disponible para cuando quiera contártelo y actúa en consecuencia cuando lo haga: ponte en su piel y dale lo que más necesita. Valida sentimientos, pide perdón o busca más tiempo a solas con él.

Los niños no disfrutan estando enfadados  o negándose a todo. A ellos también les gusta estar felices en casa y eso conlleva cierto margen de libertad y respeto por su manera de hacer las cosas. Exactamente, si lo piensas, igual que a nosotros . Así que  recuerda, cuanto mejor se siente un niño mejor se comportará.

Un abrazo, Doris

 

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